espacio
de rosa elvira peláez dedicado al minicuento
CUENTABREVE.1
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Me gusta el reto de la
narración en frasco pequeño. Es un aroma que arrebata. Un personaje, o dos o
tres. Una trama, el nudo y el desenlace. Sorpresa, magia, humor y un poco de rompecabezas,
acaso...
Dice el filólogo Jose Luis González,
para comprobar si el minicuento funciona o no:
"En una primera lectura una
obra de estas comprimidas dimensiones puede apabullar la vista con el relumbrón
de su final, de su concepción, de su extraña e inapresable coherencia. La
segunda lectura, cuando está descubierta la magia, el truco, la parte de atrás
del escenario, puede añadir luces que no habían destacado en la primera
lección".
No sé si mis “brevedades” pasen la
prueba; espero, al menos, que su lectura no sea un castigo...
Había una vez menos de treinta y
tres palabras...
MOMENTO
Abrí
los ojos, leí aquello, y los volví a cerrar. El cartel decía que no me tocaba
nacer.
CUESTIÓN DE SUEÑOS
Soñé
conmigo mismo toda mi vida, hasta que me enamoré de ella y dejé de soñar. Ella
se pregunta qué se hizo del hombre de sus sueños.
Y treinta y tres palabras...
MIRADA
«Hoy
es un día raro», comentó ella mirando por el ventanal. «¿Qué le ves de raro?»,
preguntó él. «La rareza de mi mirada», dijo ella, y se quedó mirando sin ver al
hombre.
OLVIDO
Sufría
terriblemente porque nada le salía bien. Deliraba mucho y ni siquiera recordaba
cuándo había comenzado a perder contacto con la realidad. Nunca supo que era el
genio de la lámpara de Aladino.
ABURRIMIENTO
Aburrido,
frente al espejo, el solitario leyó y cumplió las indicaciones, dudando de la
garantía del resultado. Lo peor: nadie sabe que no está enterado.
"Hipnotismo en una sesión" se titula el libro.
EPIDEMIA
Cuando la primera murió, no le dio importancia. La
segunda lo dejó pensando. Con la tercera, comenzó a preocuparse. Asustada, la
cuarta decidió escapar. Al quedar sin letras, el hombre perdió su nombre.
DESORIENTACIÓN
Hizo con su vida la tela más hermosa de todas, y
pensó que merecía la eternidad. Se sintió desorientado cuando llegó una tijera
que se presentó como la muerte. La conocía de vista.
Otros cuentos de la autora en WEMILERE...
TRAGEDIA
Harto de todo y frente al espejo, tratando de
mirarse, se degolló. No hubo investigación policial, tampoco velatorio ni
entierro. Su muerte es más trágica aún: el Hombre Invisible resulta un difunto
ausente.
MIEDO
«Hoy es Halloween y voy a asustarte», avisó él,
juguetón. Ella sonrió, condescendiente, miró el calendario, sacó cuentas, y con
cariño respondió: «Tú vas a asustarte cuando sepas que me cansé de soñarte».
RAREZA
Cuando
necesitaba llorar, reía, y viceversa. ¡Pobre hombre!, hasta que patentó su mal
en forma de curso: «Aprenda a reír lágrimas y a llorar risas. En diez
sesiones». Hoy es un rico raro.
LA PUERTA AZUL
Subió
las escaleras. La puerta azul abre a la felicidad, le dijeron.
Cada
vez que llegó a la puerta detrás lo esperaba otra escalera con una puerta azul
arriba.
Ahora
sube otra vez.
ARREPENTIMIENTO TARDÍO
Decidió
decir la verdad en el momento de morir: «He sido un mentiroso toda la vida;
estoy sufriendo», dijo. La Muerte no le creyó y lo dejó vivo. Pero debajo del
tren, para siempre.
hay más
minicuentos...
por favor, sea breve...
el relato liliputiense... ![]()
De todos los
cuentos que hasta aquí leíste © Rosa Elvira Peláez. Buenos Aires, 1999-2002.
(wemi@ubbi.com)
CUENTABREVE.2002-2004