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  METRO.
 

  Debajo de la ciudad las horas transcurren diferentes.
  Laten misterios, perdidos y sofocados.
  Privados de la noción de amanecer y atardecer.
  Un rugido y rostros entre reflejos.
  El paso turbio de un muro interminable.
  Habitantes de un aire fluoresecente,
  que van y vienen sin saber muy bien
  cuando vienen y cuando van.
  Sus pasos repiten escaleras.
  Sus dedos se refugian en los pasamanos.
  Escapan del vértigo de la superficie
  para cambiarlo por otro,
  poblado de ecos y fantasmas de cavernas.
 

Belgrano. 4/11/98
 
  REAPARICION DE BORGES EN PALERMO.
 

  La falta de taxis me lleva a caminar de madrugada
  por los rincones oscuros de Palermo.
  El aire es manso y huele a lluvias lejanas.
  Un tren pronuncia su acorde de hierro.
  Nada se mueve. Ni siquiera el tiempo.
  Lo descubro a la distancia. Camina tranquilo.
  Su figura es negra sobre adoquines negros.
  Advierto que fuma y me sobresalta
  la presencia insólita de su sombrero.
  Sus pasos ya se oyen junto a los míos.
  El traje es oscuro, pero en el bolsillo titila un pañuelo.
  Lo miro extrañado, igual que él a mí
  desde el brillo opaco de sus lentes gruesos.
  Nos cruzamos como si no nos viéramos.
  Él hacia el Sur. Yo hacia lo incierto.
 

  Tribunales. 6/11/98

 

  MACHU PICHU.
 

  Los senderos mutan durante las noches.
  La selva esconde palabras indescifrables.
  Alguna vez aquí han habido reyes
  custodiados por guerreros inmemoriales.
  Hoy la piedra duerme un sueño engañoso.
  El silencio enmudece para que todo se escuche.
  En lo alto navegan nubes grises
  ocultando un dios que no olvida.
  Los cerros están poblados de latidos.
  Cada roca es un espíritu en vigilia.
  El agua transcurre como transcurriera entonces.
  ¿Dónde están los que alguna vez estuvieron?
  ¿Por qué algo nos sugiere que jamás se han ido?
 

  Tribunales. 6/11/98

 

  BALIZA EN EL MAR.
 

  Es un guiño solitario, el pulso del silencio.
  Un astro rojo de existencia vacilante.
  Los ojos del marino lo buscan insomnes.
  Es su única referencia del mundo.
  Ese mundo que se tragó la noche.
  Cielo y mar son el mismo negro.
  Y sobre él, el brillo de esa luz
  es aún más brillo, de rubí, perla de fuego.
  Ni la niebla, ni la llovizna, ni los truenos
  alteran su presencia salvadora.
  Es parte del cielo para los navegantes
  y para quienes divisan su luz desde la costa.
  Como un fantasma o un angel guía
  se para cada noche en su punto eterno,
  farol en mano sobre las olas turbias.
  Vigilando un horizonte que parece muerto.
 

  Barrio Norte. 10/11/98

 

  GUERRA.
 

  Miserias y noblezas se mezclan y entrecruzan
  en medio del pantano, el hambre y la metralla.
  Amigos y enemigos se buscan en la oscura
  porción de madrugada que inicia la batalla.
 

  El aire huele a un humo amargo y venenoso.
  La tierra está cubierta de heridas aún calientes.
  El hombre se pregunta desde su ser más hondo
  si está en la cofradía que hermana a los valientes.
 

  Un árbol deshojado soporta los castigos
  del viento que el obús calienta y precipita,
  entre los alaridos de los que se protegen
  del hierro incandescente que expulsa la cordita.
 

  Allá van los que avanzan, allá van los que mueren.
  Entregan cuerpo y alma a lo que Dios decida.
  Flamean las banderas en mástiles que duelen.
  La historia los convoca, los mata y los olvida.
 

  Belgrano. 11/11/98

 

RASTREADOR.
 

Seguir un rastro es su hábito, o su condena.
Examinar el suelo en busca de señales.
Entregarse a la paciente lectura de las briznas.
Oler, sentir, localizar con el instinto.
Todo lo que se mueve deja una estela.
Nada se desplaza sin sembrar claves.
El rastreador no duerme, no come,
apenas bebe, casi nada descansa.
Perseguir es su necesidad íntima.
Obsesión cercana a pesadilla.
Aún donde no hay caminos sus ojos
adivinan surcos, marcas, descuidos.
La luna es su linterna al llegar la noche.
No hay refugio posible, es inútil esconderse.
No hay donde evitar sus pasos que buscan,
Sus ojos sin párpados, su oído que espera.
 

Barrio Norte. 12 /11/98

 

  LUIS VIALE.

Nota: Cierto día de hace unos cuantos años, un barco naufragó frente a la Costanera Sur de nuestra ciudad. Los transeuntes contemplaban espantados desde la costa la escena de la catástrofe.Una mujer se arrojó al agua desde el barco y comenzó a ahogarse. Entonces apareció Luis Viale, uno de los espectadores, quien saltó al río y la salvó. Sin embrago la maniobra le costó la vida al propio Viale. Ante su heroismo se le levantó un monumento en el lugar de su muerte.La estatua lo mostraba de cara al río, salvavidas en mano, lanzándose al rescate. Claro que en aquel entonces nadie supuso que alguna vez el río sería rellenado, dando origen a lo que hoy conocemos como Reserva Ecológica, dejando en ridículo al monumento a Luis Viale, ya que el pobre aparece con actitud audáz, empuñando un salvavidas en donde ya no hay río. Si alguna vez andan por Costanera Sur podrán comprobarlo. A él va dedicado este poema.
 

  El  monumento es ruina.
  El homenaje de ayer hoy es olvido.
  Los años volvieron opaco su arrojo
  y apagaron las voces que supieron admirarlo.
  Su últimas visiones fueron un naufragio
  y la necesidad urgente del auxilio.
  Sus últimos actos fueron de coraje,
  saltando al río luego de saltar
  por encima de su propio miedo.
  Dar la vida por otro.
  Ahogarse en nombre de una extraña.
  Ser heroico no suele estar planeado.
  Hoy su bronce se vuelve herrumbre.
  Su figura empuña un salvavidas
  frente a un pastizal.
  Rodeada de basuras y ojos indiferentes.
  Todos, todos lo olvidaron y se han ido.
  Incluso las aguas arrogantes de su asesino
 

  Villa Crespo.16/11/98

 

REFUGIO.
 

El hombre bebe su café junto a la ventana.
La montaña le ha entumecido las piernas,
Y por eso está feliz.
Afuera el frío inmoviliza la tarde
Y los rayos turbios del sol
Le trazan franjas doradas a la nieve.
Es bueno que el mundo aún tenga lugares como éste.
Aquí nadie podrá encontrarlo.
Ni las horas crueles, ni los malos espejismos,
ni los embéciles.
El hombre ha encontrado un refugio.
Al menos por hoy ha logrado escapar.
Los leños en la estufa liberan un humo tenue
Que escala la chimenea y se escapa para convertirse en noche.
Más tarde se dormirá, escuchando el oleaje del viento,
Sintiéndose seguro, a salvo del acero y del asfalto.
Sus sueños serán acerca de senderos que suben,
ríos que murmuran, árboles que callan.
Sus sueños y la realidad comenzarán a parecerse.
 

Tribunales. 5/2/99.

 

MILONGA DE JORGE LUIS BORGES.
 

Milonga de un escritor,
milonga de aquel poeta.
Milonga que lo interpreta
con un verso que fue suyo,
verso que es canto y orgullo
que la guitarra completa.

De Palermo al Barrio Sur
las noches lo vieron irse.
En las calles confundirse
con la bruma del suburbio.
Caminante de ojos turbios
que jamás va a repetirse.

Relator de los corajes
de malevos olvidados,
que pasaban por al lado
de la muerte sin mosquearse.
Hoy habrán de reencontrarse
junto a otro Maldonado.

Incansable explorador
de azarosos laberintos.
Viajero de los distintos
senderos del universo.
Por mapa llevaba un verso
en un idioma ya extinto.

Ruge el tigre entre sus letras.
Causa pavor el espejo.
Brilla distante el reflejo
de un farol en una esquina,
que de amarillo ilumina
los años que ya están lejos.
 

Milonga de aquel guardián
de anaqueles infinitos.
Protector de antiguos mitos,
de rimas y pensamientos,
bajo un hondo firmamento
de mármoles y granito.

Ginebra lo vio crecer.
Buenos Aires fue su tierra.
Adrogué aún encierra
el intento de su muerte.
Vuelve a Ginebra la suerte,
donde su historia se cierra.
 

Belgrano.11/5/97

 

QUIEN FUE MI PADRE.
 

Voy a contarles quién fue mi padre.
Fue el que una madrugada de invierno me sacó
de la cama, me envolvió en una frazada y me llevó al patio para mostrarme un cometa.
Fue el que caminaba por el campo                              con su rifle al hombro, sorprendiendo perdices y liebres.
El que sabía asar la carne
como muy pocos saben hacerlo.
El que –hiciera lo que hiciese- siempre estaba orgulloso  de mí.
Fue el que a las seis de la mañana ya estaba en su taller, entre el aroma a cuero y el murmullo de la radio.
Fue el que sin leer demasiado supo enseñarme tanto.
El que disfrutaba de las ciruelas en diciembre,
las sandías en enero y en febrero de las uvas.
El que me curaba el dolor de panza
con un masaje suave y tibio.
El que cada noche perseguía a las hormigas,
con una linterna y un silbido.
El que siempre me escuchó,
aún cuando yo no dijera una palabra.
El que miraba hacia el oeste con nostalgia,
porque en el oeste estaba el campo.
El que transitaba en bicicleta los caminos de tierra
de Chivilcoy a Ugarte, y se tomaba un descanso
sobre el puente del río Salado.
Fue el que renunció a tanto,
para que yo no tuviera que renunciar a nada.
El que podía desatar los nudos
que para mí eran imposibles.
El que una tarde encontró un trébol de cuatro hojas
y me lo mostró como quién revela un misterio.
Fue el que me estimuló el vicio de ser curioso.
El que transcurrió noches en un café del Abasto,
junto a esos amigos que jamás se pierden.
El que quería que yo hiciera la colimba
para templar mi espíritu,
cosa en la que jamás iríamos a coincidir.
 Fue el que siempre creyó en la gente,
incluso en aquellos que no lo merecían.
El que un día de octubre compró un auto verde
y me enseñó a manejarlo.
El que admiraba las voces de Magaldi, Gardel
y Víctor Velázques.
El que amaba el mar, aunque nunca supo nadar.
Fue el que me legó la incontable fortuna de su ejemplo.
Mi padre fue uno de esos hombres,
que de haberlos en cantidad suficiente,
nos hubiesen procurado un mundo muy por encima
del que nos tocó.
 

Tribunales.27/3/00

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